Personajes Ilustres: Nicolás Bravo Rueda


Benemérito de la Patria Nicolás Bravo Rueda

General insurgente y Presidente de la República; Benemérito de la Patria, por decreto de mayo de 1823. Nació el 10 de septiembre de 1786 en Chilpancingo; muere allí el 22 de abril de 1854. Hijo del general Leonardo Bravo y de la señora Gertrudis Rueda.

Sólo cursó la instrucción primaria. Se dedicó a la agricultura en la hacienda de Chichihualco, propiedad de la familia, en compañía de su padre y tíos, Miguel, Víctor, Máximo y Casimiro.

Nicolás se casó a mediados de 1810 con Antonia Guevara, hija de un comandante de las fuerzas realistas en Chilapa. En Chilpancingo, los realistas habían pedido a los Bravo que levantaran una compañía, como lo hacían otras haciendas; los Bravo no aceptaron, a pesar de las presiones.

Los Bravo se unieron a la causa insurgente el 2 de mayo de 1811; Nicolás Bravo quedó al lado de Morelos en la primera compañía suriana con el carácter de subalterno. En Cuautla, bajo las órdenes de su tío Miguel, se distingue en el prolongado sitio que Calleja puso a las fuerzas de Morelos y en la ruptura del cerco el 3 de mayo de 1812.

En agosto de 1812, enterado Morelos de que el intendente de Veracruz había enviado a Puebla al teniente coronel Juan Labaqui con 360 soldados, para llevar la correspondencia, decidió que Nicolás Bravo, al mando de 200, atacara esa partida en San Agustín del Palmar. Nicolás salió de Tehuacán y tras 14 horas de viaje atacó el punto, hasta que el día 20 el capitán Palma, que mandaba a los negros de la costa, asaltó la casa donde se defendía Labaqui, matando a éste con su sable. Nicolás hizo prisioneros a todos los realistas, apoderándose de tres cañones y 300 fusiles. En premio de esta acción le fue conferido el nombramiento de comandante militar de la provincia de Veracruz, ya con este carácter avanzó con tres mil hombres hasta Medellín, después de atacar un convoy en Puente Nacional, donde hizo al enemigo noventa prisioneros.

“El Gral. Nicolás Bravo dijo: Tengo órdenes de fusilaros a cambio de la muerte de mi padre; pero mi venganza es mi perdón, podeís marcharos, pues os concedo, además la libertad. Año de 1812.”

El temple y calidad humana de Nicolás se muestran cuando su padre, el general Leonardo Bravo, que en mayo anterior había sido aprehendido en la hacienda de San Gabriel por los realistas, después del sitio de Cuautla, fue condenado en México a la pena de muerte. El virrey, Francisco Javier Venegas, ofreció el perdón a Leonardo si su hijo Nicolás y sus hermanos se acogían al indulto y dejaban de combatir contra el gobierno virreinal. Morelos autorizó a Nicolás a considerar la oferta, pero el joven caudillo, de entonces 26 años de edad, desconfió de las seguridades que se le daban, pues varias veces los realistas no cumplían lo prometido a los insurgentes.

Morelos propuso al virrey canjear a don Leonardo por 300 prisioneros españoles, propuesta que no fue aceptada, por lo que el 13 de septiembre de 1812 el padre de Nicolás Bravo Rueda, el general Leonardo Bravo, y sus compañeros de prisión, José Mariano de la Piedra y Luciano Pérez, fueron ejecutados a garrote vil.

Morelos ordenó, entonces, a Nicolás Bravo que pasara por las armas a 300 prisioneros españoles que tenía en su poder. Estas noticias las recibió don Nicolás en Medellín y de inmediato mandó poner en capilla a los sentenciados. A las 4:00 de la mañana decidió perdonarlos en forma pública y que surtiera efectos a favor de la Independencia. Así, a las 8:00 de la mañana formó a sus prisioneros, les informó de lo ocurrido, del triste final a que los expuso el virrey y de las órdenes recibidas de su superior, y les anunció su decisión de no hacer venganza y de ponerlos en entera libertad.

Todos los perdonados se unieron a la causa insurgente, menos cinco que eran comerciantes y regresaron a Veracruz; uno de éstos mandó después a don Nicolás Bravo telas suficientes para vestir a todo el regimiento. En noviembre de 1812 tomó el puerto de Alvarado y atacó Jalapa; más tarde participó en el frustrado ataque a Valladolid al lado de Morelos y ayudó a custodiar al Congreso en su marcha a Tehuacán.

Tras la muerte del Generalísimo, el 22 de diciembre de 1815, Nicolás Bravo libró varias acciones donde sufrió una herida y se retiró, pero el 21 de diciembre de 1817 cayó prisionero. Condenado a la pena de muerte, sus propios enemigos intercedieron ante el virrey Ruiz de Apodaca para que se le conmutara por la de prisión y permaneció en Cuernavaca hasta su traslado a la Ciudad de México el 9 de octubre de 1818.

Estaba recluido cuando sus bienes fueron intervenidos; sufragaba sus gastos con la venta de cigarreras de cartón, que él mismo elaboraba y a las que ponía las iniciales de su nombre. Recuperó la libertad gracias al decreto del 11 de octubre de 1820.

Por decreto del 11 abril de 1822 el Congreso Constituyente lo nombró miembro de la Regencia prevista en el Plan de Iguala, en sustitución de Manuel de la Bárcena. El 18 de mayo Agustín de Iturbide fue proclamado emperador por una fracción de militares, logrando con ello sus más caras ambiciones. Bravo, partidario de la República, en noviembre de 1822 salió de la capital junto con el general Vicente Guerrero, y en Chilapa organizaron una fuerza, que en Almolonga fracasó ante el brigadier Armijo. Logró llegar a Huajuapan, para unirse con Antonio de León y constituir una Junta de Gobierno en Oaxaca. Allí se enteró del Plan de Casa Mata, con el que estuvo de acuerdo, apresurándose a regresar a México al frente de la división que fue llamada Ejército Libertador.

Derrocado Iturbide el 19 de marzo de 1823, Bravo lo escoltó hasta las playas de Veracruz, rumbo al destierro. El día 31 de ese mes y año, el Congreso encargó el Poder Ejecutivo a un triunvirato, integrado por Bravo, Guadalupe Victoria y Pedro Celestino Negrete, hasta el 10 de octubre de 1824, cuando tomó posesión de la Presidencia el general Guadalupe Victoria.

Antes de ese suceso, Bravo marchó sobre Jalisco en dos ocasiones; la primera vez en junio de 1823, al frente de dos mil hombres, y la segunda en junio de 1824 con 4000 soldados, en lo que fue el primer pronunciamiento decisivo por el establecimiento de la República.

Los republicanos estaban divididos en dos logias: la escocesa (conservadora y centralista), que dirigía Bravo, y la yorquina, que postulaba el federalismo y capitaneaba Vicente Guerrero. Bravo, por sus convicciones, se enfrentó a los jefes del federalismo; sin embargo, en 1824 fue nombrado vicepresidente de la República en el régimen de Guadalupe Victoria. En 1827 se rebeló contra éste y el general Vicente Guerrero fue comisionado para combatirlo; es derrotado, capturado y condenado al destierro a Guayaquil, Ecuador, acompañándolo en el exilio el general Luis Pinzón y el capitán de ingenieros Rómulo Díaz de la Vega.

En 1829, ya siendo presidente el general Vicente Guerrero le concedió la amnistía a Bravo y a sus compañeros; sin embargo, a su regreso éste se unió a las conspiraciones que derrocaron a Vicente Guerrero, derrotándolo en la batalla del llano de Chilpancingo, y más tarde ocupó Acapulco, contribuyendo con esto a la caída del Presidente.

En diciembre de 1832 Bravo permanecía en el sur; no estuvo conforme con el Plan de Zavaleta y en 1833 el presidente Antonio López de Santa Anna le dio el mando del Ejército del Norte hasta 1836 en que, visto el desenlace de los sucesos y tropiezos de Texas, Bravo se retiró a su hacienda, donde permaneció algún tiempo.

En 1839 fue llamado para que desempeñara la jefatura del Consejo y con ese carácter fue presidente interino de la República por diez días, del 10 al 19 de julio. Entregó el poder a Anastasio Bustamante, se retiró a la vida privada, hasta 1841 cuando fue electo diputado por el estado de México.

Nuevamente ocupa el cargo de Presidente de la República, sustituyendo a López de Santa Anna, del 26 de octubre de 1842 al 4 de marzo de 1843, periodo en que disolvió el Congreso y nombró una junta de notables presidida por el general Gabriel Valencia, instalada el 6 de enero de 1843. Estableció una casa de moneda en Culiacán, además de donar terrenos a la empresa que proyectaba el canal de Tehuantepec. Entrega el gobierno a López de Santa Anna y vuelve a sus actividades privadas.

Bravo fue comisionado para reprimir a los sublevados de Chilapa, en 1844. El 2 de enero de 1846 se adhiere al Plan de San Luis Potosí, que llevó a la Presidencia al general Mariano Paredes Arrillaga. Éste lo nombró gobernador y comandante militar del Estado de México y más tarde jefe de las fuerzas de Puebla, Veracruz, Oaxaca y Tabasco, que deberían oponerse a la invasión norteamericana; pero, electo vicepresidente de la República, se encargó del Ejecutivo cuando Paredes se puso al frente del ejército.

Fue comandante de Puebla, jefe de la línea del sur de la capital y dirigió la defensa del Castillo de Chapultepec, donde cayó prisionero el 13 de septiembre de 1847; puesto más tarde en libertad se retiró a la vida de hacendado. En 1854 se le invitó a participar en la dirección del Ejército Restaurador de la Libertad, formado bajo el Plan de Ayutla; no aceptó, pero también se negó a combatirlo. Antonio López de Santa Anna llamó a Nicolás Bravo para combatir a Juan Álvarez y tampoco aceptó.

Existe la versión de que Santa Anna, muy molesto por el desprecio a su propuesta, ordenó al médico de apellido Avilés que envenenara a Nicolás Bravo y a su esposa, incluyendo a la sirvienta, quienes murieron el 22 de abril de 1854. Se le sepultó en la parroquia de Chilpancingo. Sus restos fueron llevados a la Catedral de la Ciudad de México y finalmente a la Columna de la Independencia.

*Fuente: Enciclopedia Guerrerense. Guerrero Cultural Siglo XXI, A.C.